Los DDHH no son un favor – Editorial Toma El Control

Se habla mucho en nuestro tiempo y nuestro medio de los derechos humanos. Los gobiernos, las distintas organizaciones no gubernamentales, los integrantes de las cámaras legislativas y, en general, los políticos hacen permanente referencia a ellos pero, en la mayoría de los casos, no para defenderlos, sino para alegar vulneración de los mismos por sus contradictores, en pro de los grupos o partidos que representan.

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Pese a usarlos incluso como campaña, no buscan realmente que se pretenda su protección, sino que sirvan como bandera  a su favor.

¿Pero cuáles son los derechos humanos?

Esta expresión corresponde a un catálogo de derechos o facultades que se consideran inherentes a todos los seres humanos.

Todos somos titulares de ellos por el simple hecho de ser seres humanos y están constituidos como supuestos jurídicos contenidos en declaraciones de principios que hoy tienen alcance mundial a través de la Carta de la Organización de las Naciones Unidas  – ONU -, el 26 de Junio de 1945 y ratificada por la Asamblea General el  10 de diciembre de 1948, hoy en día reconocida por todos los países.

Los derechos allí determinados son inalienables, interdependientes e indivisibles y, en general, son los siguientes: a la vida, a la integridad personal, a la igualdad, a la libertad, al honor, la vida privada y la información-, derechos políticos, al asilo y la nacionalidad, a la personalidad y la seguridad jurídica, a una debida administración de justicia, al debido proceso, a la salud, a la educación, al trabajo, además de los denominados derechos de los pueblos.

Este breve listado que les cito corresponde a una descripción de los derechos mínimos que deben encontrarse en cabeza de los seres humanos y los pueblos, sin que impliquen un desconocimiento o limitación de más  derechos reconocidos por las leyes y costumbres de los diferentes países

¡Son, entonces, un mínimo y nunca un máximo de los derechos de que pueden ser titulares los seres humanos, por la simple razón de serlo!

Ahora bien, de acuerdo a diferentes tratados internacionales, todos los países están obligados a difundir el conocimiento de los derechos humanos a toda la población para que cualquier persona tenga la posibilidad de exigir la protección y cumplimiento de los mismos.

En nuestro medio el deber de difundir y defender los derechos humanos “como fundamento de la convivencia pacífica”, está consagrado para todas las personas y ciudadanos en la Constitución Política.

Es deber, no solo de los organismos estatales, sino de todas las personas velar por su difusión y defensa. Un deber que, como se hace notorio, no se cumple porque, por el contrario, los defensores de los derechos humanos son estigmatizados, perseguidos y en muchas ocasiones asesinados por personas o grupos que nunca se han podido controlar  por parte de las autoridades, de manera que el mandato constitucional se convierte en un mero enunciado sin aplicación verdadera.

En mi caso esa necesidad de ayudar y apoyar a quienes son vulnerados estaba en la casa. Mi papá siempre me inculcó ese sentido solidario, eso de “¿si puedes darle la mano a alguien por qué no hacerlo?”. Para eso me enseñó a lo que tengo derecho, a que no me redujeran ni siquiera con juguetes a ser la niña que por su sexualidad debe entonces jugar con muñecas, planchas y cocinas. Él me enseñó que puedo ser lo que quiera solo por ser humana. Que los animales no tienen voz para defenderse, por ejemplo, pero que yo sí la tengo.

Mi papá es un lector incansable, siempre actualizado, un abogado admirable que siempre piensa en los demás, en dar la mano. Incluso hoy, siempre seré la niña a la que debe cuidar, apoyar y sobretodo enseñar.

Debemos tener claro que no son un favor que nos hacen y a diario, como periodista, veo innumerables casos de violación a los derechos humanos, en especial en el acceso a la salud, la discriminación y el acceso a la información.

Todo se reduce a trámites en los que agradecemos cualquier “ayuda” desconociendo que es un deber ser no negociable.

¿Será que hemos perdido un poco también nuestro lado humano?

Es sumamente doloroso registrar casos como el de Gina Potes, víctima de ataque con ácido que ahora sigue luchando por defender los derechos de tantas mujeres que también han sido atacadas. Que se les reconozca el derecho a una vida digna y que la persona que les hizo pague como corresponde, ver todas las implicaciones tras semejante acto de abuso y violencia.

Es desafortunado pero en Colombia no conocemos nuestros derechos y por eso no exigimos su cumplimiento. Por eso, ¡a tomar el control señoras y señores, a velar por lo que mínimamente nos corresponde!

Toma el control Cap 016

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Adriana Álvarez Uribe

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