Gonzalo Arango: el efímero vocero de una generación rebelde

By / 25 septiembre, 2017 / Cultura

Recordamos al escritor colombiano Gonzalo Arango, fundador del Nadaísmo y uno de los personajes más insólitos de nuestra historia cultural reciente.

Por Astrid Ávila y Laura Ocampo

La Medellín de finales de los agitados años 50 vio surgir a un grupo de artistas e intelectuales, algunos de pelo largo y vestir andrajoso, que desafiaron las normas de un país que anunciaba un conflicto armado que se extendería varios lustros.

Inspirado en un siglo XX convulsionado, y espiritualmente vinculado con el filósofo antioqueño Fernando González y su “Viaje a pie”, en 1958 Arango fundó uno de los movimientos contraculturales por excelencia de Colombia. Fue el Nadaísmo, una corriente inspirada en el existencialismo que tenía el análisis de la condición humana como bandera. Arango, simpatizante de la izquierda política, escribió y publicó el Manifiesto nadaísta, un documento que dictó los lineamentos para la rebeldía y la liberación juvenil de entonces:

“El Nadaísmo es una revolución en la forma y en el contenido del orden espiritual imperante en Colombia. Para la juventud es un estado esquizofrénico consciente entre los estados pasivos del espíritu y la cultura”.

El Nadaísmo escogió el camino de la provocación para hacerse notar en un país que iniciaba un proceso de silenciamiento de la disidencia y la contravía política con el inicio del Frente Nacional, periodo entre 1958 y 1974 en el que los dos partidos tradicionales, Liberal y Conservador, se turnaron el poder en Colombia como en un juego de rol. Gonzalo Arango y sus camaradas nadaístas, dentro de quienes estaban Amílcar Osorio, Darío Lemos, Jaime Jaramillo Escobar, Fanny Buitrago, Giovanni Quessep y el recientemente fallecido Elmo Valencia, quemaron libros en la Plaza de San Ignacio en Medellín, publicaron anuncios funerarios anunciando la muerte de la poesía Colombia y en 1959 sabotearon el Congreso de escribanos católicos, lo que le costó a Arango algunos meses de cárcel.

Fue esa irreverencia característica del movimiento, sumada a una alta y prolífica producción literaria, lo que lo hizo una corriente cultural de gran relevancia en Colombia.

Efímero vocero de una generación rebelde, Gonzalo Arango también se volvió un personaje mítico en los primeros años del rock en Colombia. Sus textos desparpajados inspiraron algunas de las canciones populares más imponentes de los años sesenta y mediados de los setenta: fue el caso de “Llegaron Los Peluqueros” de Los Yetis y “Girasol Giranada” y “Réquiem para un yeyé” de Eliana, La internacional nadaísta. Arango construyó puentes entre la poesía y el naciente rock nacional, que encontró en esta generación un terreno fértil para la revolución del cuerpo y de las ideas. Los años sesenta marcaron el nacimiento de la canción protesta, resultado en parte de una tendencia mundial, pero también hija legítima en Colombia del movimiento nadaísta. En cofradía fantástica con la literatura y las ideas revolucionarias, músicos como Pablus Gallinazus, Eliana, Norman y Darío, Angelita, Ana Jaime y el compositor Nelson Osorio sentaron un precedente único en la música protesta colombiana. Probablemente  esto no hubiera sido igual sin el desenfado iniciático del Nadaísmo.

La obra literaria de Arango comprendió poesía, ensayos, cuentos cortos e incluso obras de teatro. Aunque su trabajo  como escritor ha sido brevemente abordado desde la crítica, Gonzalo Arango dejó obras como Los camisas rojas de 1959, Prosa para leer en la silla eléctrica de 1966 y que hacen parte de su colección de ensayos, así como obras de teatro como Nada bajo el Cielorraso y Memorias de un presidiario nadaísta.

Hacia finales de los años 60 su vínculo con el nadaísmo comenzó a ser difuso, e irónicamente algunos de compañeros de vanguardia lo rechazaron públicamente quemando sus libros. Su trabajo ha sido fuente fundamental de otros autores que han encontrado en el nadaísmo el soporte para una ruptura de la literatura tradicional. Arango abrió las puertas a la posibilidad de una literatura incómoda.

Mientras pensaba en que no llegar es también el cumplimiento de un destino, Gonzalo Arango falleció en Gachancipá, Cundinamarca, el 25 de septiembre de 1976 a los 45 años.

Imagen de portada tomada de http://www.gonzaloarango.com/

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Astrid Ávila

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