Golpes históricos contra la libertad de prensa en Colombia

By / 23 octubre, 2017 / Cultura

El 24 de octubre de 1960 nació Jaime Garzón, futuro periodista y crítico mordaz de la realidad colombiana, quien a través de su humor político se hizo un lugar en los medios de comunicación e incluso en la política colombiana.

Por Astrid Ávila y Laura Ocampo

Su asesinato fue muestra de la censura en su máxima expresión y de una década contaminada por el silenciamiento absoluto de la disidencia y del pensamiento crítico. Para conmemorar su nacimiento, a continuación repasaremos momentos cruciales de la historia de la libertad de prensa en el país.

La historia de la libertad de prensa ha ido de la mano con la historia misma de Colombia. En el siglo XVIII, cuando apareció la prensa escrita y se advirtió todo su poder, también surgió el primer incidente de censura. En 1794 Antonio Nariño publicó la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano y a tan solo un par de días de la publicación de una sola página, Nariño fue capturado y al poco tiempo condenado a 10 años de cárcel en África porque el gobierno colonial consideraba inapropiada la publicación de esta información. Con Antonio Nariño y su encarcelamiento nació la censura a la libertad de prensa en el país, una censura que, desde entonces, se ha mantenido latente.

En 1886, año en el que nació la constitución colombiana que nos rigió por más de cien años, se estableció como principio constitucional el derecho a la libertad de prensa únicamente en tiempos de paz. El presidente Núñez, no muy contento con este artículo de la constitución, pidió que se proclamara una ley transitoria mediante la que se pudieran reprimir a todos aquellos periodistas que injuriaran al presidente o a su séquito presidencial. Bajo esta ley, cientos de periódicos fueron cerrados.

Libertad de prensa Siglo XX – Cronografía T2 Cap 011

En Colombia hablar de libertad de prensa se asocia en algunos casos con la violencia, pues la estadística muestra que cerca de 250 periodistas fueron asesinados por haberle puesto la cara al conflicto. A pesar de ser un derecho fundamental, la censura y la persecución no acaban y los periodistas requieren ejercer sin riesgo de ser perseguidos a causa de sus ideas y su oficio.

Entre 1910 y 1940 desapareció casi por completo la opresión oficial sobre la prensa colombiana, a excepción de la prohibición de lectura de algunos diarios liberales por parte de la iglesia católica, que castigaba con la excomunión. El 9 de abril de 1948 algunos liberales alterados destruyeron las instalaciones de periódicos conservadores como El Siglo, El Colombiano y La Patria.

Una de las mayores crisis de censura oficial que se ha visto en la historia del periodismo colombiano se dio durante la dictadura del General Rojas Pinilla. En 1953, su gobierno militar obligó a periódicos como El siglo y el Diario Gráfico a que cerraran sus producciones. Después de muchos hostigamientos también El Tiempo y El Espectador tuvieron que acallar sus páginas por un tiempo. A lo largo de toda la dictadura militar, el gobierno creó decretos con los que mantuvo una constante disputa con la prensa. Así, por ejemplo, prohibió el comercio de papel de impresión y le negó a los periódicos que no fueran oficiales la posibilidad de acceder a este. Sus argumentos fueron siempre los de proteger a los ciudadanos de una prensa calumniadora, monopolista y oligarca.

Al inicio de la década de 1970 nacieron los primeros corredores de tráfico de drogas en el país y para los años 80 el narcotráfico se convirtió en una industria que permeó la política y la vida nacional en muchos niveles. En medio de este contexto, la labor del periodista colombiano adquirió una trascendencia incomparable. Fundamentado en la visibilización de la violencia y en la denuncia de esta, el periodismo jugó un papel fundamental en la narración de la guerra contra las drogas y contra los grupos al margen de la ley.

Para finales de la década de los 80 se volvió común que los periódicos y casi todos los medios de comunicación se pusieran de acuerdo sobre las noticias relacionadas con el narcotráfico que eran publicadas. Entre los mismos medios se creó una  barrera de protección mutua frente a las constantes amenazas de muerte.

En el año 1986 ocurrió uno de los crímenes de mayor relevancia para el periodismo nacional.  En frente de las instalaciones del periódico El Espectador, Guillermo Cano Isaza, dueño de ese diario, fue asesinado por sicarios al servicio del cartel de Medellín. Cano hacía parte de los periodistas que había escrito a favor de la extradición de narcotraficantes y delincuentes, y se había convertido, con sus editoriales, en una de las principales voces del país en contra del narcotráfico. Hasta el día de hoy, el asesinato de Cano, a pesar de haber sido atribuido a Pablo Escobar, se mantiene en la impunidad.

Los años 90 se presentaron como la época más difícil para el ejercicio del periodismo en el país. De esas voces que fueron acalladas durante estos años, algunas conmovieron profundamente, como la de Diana Turbay Quintero,  quien en 1990 fue secuestrada junto a su equipo periodístico. El 25 de enero de 1991 fue abaleada en circunstancias que aún hoy no revelan un culpable.

Libertad de prensa II – Cronografía T4 Cap 05

En los años 80, la labor del periodista colombiano adquirió una trascendencia incomparable. Fundamentado en la visibilización de la violencia y en su denuncia, el periodismo jugó un papel fundamental en la narración de la guerra contra las drogas.

Para finales de los años noventa, Jaime Garzón, abogado de profesión y crítico, había alcanzado los hogares de todos los colombianos gracias a su humor a través del cual denunció irregularidades en el mundo de la política.  Jaime Garzón fue la cabeza de programas de televisión como Zoociedad y el Noticiero ¡Quac!,  que lo consolidaron como la voz crítica más poderosa del periodismo nacional. La censura de prensa cobró la vida de Jaime Garzón en lo que años más adelante se clasificó como un crimen de Estado, al haber contado con la participación del Ejército, el DAS y la banda de criminales del narcotraficante y paramilitar alias Don Berna.

En el año 1996 Gabriel García Márquez creó la Fundación para un Nuevo Periodismo Iberoamericano, que a su vez creó La Fundación para la Libertad de Prensa – FLIP, la primera entidad en el país dedicada a la defensa de los derechos periodísticos. Entre 1977 y el 2016 cerca de 157 periodistas fueron asesinados y solamente en el 2016 se presentaron 216 violaciones al derecho de la libre expresión, mientras que 262 periodistas fueron víctimas de diferentes formas de censura. Aunque el periodismo colombiano ha recorrido un camino importante en la defensa del derecho a la libre expresión, al día de hoy la libertad de prensa en Colombia sigue siendo una utopía inacabada.

 

About Author

Astrid Ávila

Back to Top