El gran italiano

By / 26 octubre, 2017 / El Crew

Umberto Giangrandi nunca estuvo de acuerdo con el nombre del Taller 4 Rojo, pero entre demócratas, la democracia ganó.

Hubo en la historia de Colombia otro Taller 4 Rojo, pero a Giangrandi poco le importa demostrar cuál fue antes, ni quién tomó el nombre después. Finalmente, lo que queda es el legado y no el aviso del negocio.

Antes de eso, dos décadas y media atrás, la casa de los Giangrandi en Pontedera Italia resultó destruida en medio de la retirada de los aliados de Hitler. La familia terminó desplazándose 30 kilómetros al norte, buscando un lugar más seguro y sobre todo, con más comida disponible. El campo, por obvias razones, era la mejor opción y terminaron asentándose en Lucca, un diminuto pueblo donde pudieron crear una fábrica de madera en la que llegaron a tener más de 100 obreros y donde él, desde los 10 años, aprendió a manejar el torno de metal.

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Pero en Lucca el medioevo nunca terminó: no había vida privada, a la gente se le iban los años cultivando y cuidando animales. Era un lugar que resistía al paso del tiempo, donde 24 horas eran una eternidad. Un día cuando tenía 22, llegó una carta del ejército italiano: tenía veinte días para presentarse a prestar el servicio militar obligatorio. Salió corriendo y antes de que se cumpliera el plazo ya estaba desembarcando en Cartagena.

Era 1966. No hablaba español. Al primero que conoció fue al expresionista Augusto Rendón, que había vivido en Italia y que al menos le hablaba en su misma lengua. Sin embargo, fue cuando entró a la Universidad Nacional donde logró ubicarse entre personas que definitivamente se comunicaban en su propio idioma: el de la izquierda.

En Colombia no había muchos grabadores. Ya algunos experimentaban en la Nacional, pero el primer gran taller de arte gráfico en el país terminó siendo el suyo. Con Jorge Mora, Nirma Zarate, Carlos Granada, Diego Arango, Jorge Villegas, Germán Rojas y Fabio Rodríguez encontraron ese lenguaje común que los puso a hacer arte con sentido político sin complacer al poder. No era nacionalismo. Creían en la democracia, en los derechos humanos, en un país más digno y esto decantó en una obra contestataria de denuncia y testimonio. La crítica los censuraba porque el arte gráfico le parecía menor y porque las copias en serie no merecían el mismo espacio que las piezas únicas hechas con las manos sagradas de un artista.

La historia de Taller 4 Rojo terminó volviéndose un estilo, un género. Le abrió paso al arte gráfico en Colombia, enseñó que la copia en masa permite más audiencia sin restarle valor al arte. Y ese fue un regalo de Giangrandi. Él sigue en Bogotá, hoy, cincuenta años después. Es diabético, no bebe, nunca ha sido adicto a nada. Pero cuando entra a su taller alcanza un nivel superior de conciencia, casi al borde de la psicodelia. Algo que en Lucca, probablemente, jamás hubiera podido experimentar.

Esto nos cuenta Giangrandi:

Una breve historia de… Umberto Giangrandi

El padre de la gráfica y del grabado en Colombia nos explica su visión sobre el arte y da tres elementos clave al momento de elegir este oficio. Su historia en #ElCrew.

 

Esperen más entregas de ‘Una breve historia de…’ en #ElCrew de lunes a viernes de 8:00 a 9:30pm #EnLaTV


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Juanita Monsalve

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