Carta abierta para aquellas mujeres músicas

By / 21 junio, 2017 / Cultura

Esta carta es un recuento de experiencias y consejos sobre lo que ha significado para mí ser música y a la vez ser mujer. Porque aunque algunos crean lo contrario, estas dos condiciones están íntimamente ligadas.

Debes prepararte para un camino rocoso, especialmente si estás comenzando, y por eso, estas palabras de (des)aliento. El primer choque llegará con la gente del común, con tus tías o abuelas, con el señor de la papelería o cualquiera que llegue a preguntarte a qué te dedicas. Dirás que eres música e inmediatamente le seguirá un: “Ah, o sea que eres cantante”. Y tal vez sí lo seas o tal vez no, porque la verdad es que las mujeres en la música somos bastantes y variadas. Hay instrumentistas, compositoras, productoras, cantantes o las que hacen todo a la vez. No sólo nos dedicamos a cantar.

Este es sólo uno de los varios estereotipos que existen sobre las mujeres músicas, pero tranquila, es apenas la superficie, porque los desencuentros reales llegarán dentro de la escena misma. Y tu primera prueba será ese primer concierto. Llegarás con el brillo en el ojo y las manos sudadas, como lo harás en muchos de los conciertos que seguirán. Pero no esperes que los ingenieros de sonido te hablen a ti sobre las condiciones que necesita tu banda, aunque seas la líder. Siempre buscarán al hombre a tu lado para que les explique todo lo que tú también podrías decir. Claro, hago la salvedad, que al igual que nuestras contrapartes masculinas, no sabemos todo de todo, pero sí podemos hablar por nosotras mismas, por nuestro sonido. Luego de un tiempo comenzarás a conectar tus propias cosas, aprenderás cómo funciona la consola o el monitoreo. Y tranquila, recibe las explicaciones innecesarias de hombres ávidos por enseñarte aunque no lo necesites. O, si no quieres perder tiempo, pégales un grito que eso siempre los espanta.

Si en ninguno de tus conciertos tienes que vivir esto, felicitaciones, estás tocando en los lugares adecuados y rodeándote de hombres y mujeres que desafían al patriarcado musical.  (Lee también ¡No sé dónde diantres tocar!)

Lo que soy yo, he tenido que lidiar muchas veces con personajes que no me hablan a mí sino al baterista o al bajista o al chico más cercano en la habitación.

Una vez, en un festival relativamente importante que se realiza en Bogotá, mi compañero de banda tuvo que repetirle por lo menos tres veces a los organizadores que me escribieran a mí para cuadrar los pormenores del toque, que yo era la que tomaba las decisiones. Junto a los correos de mi compañero vinieron varios míos pidiéndoles que por favor ultimaran detalles conmigo. ¿Qué pasó? Sonidos de grillos. Los detalles se definieron a la fuerza entre el baterista (que actuaba de intermediario) y el festival. Fue uno de los peores toques que tuvimos.

A veces te sentirás sola. Sobre todo cuando te inviten a un evento en el que el cartel tenga menos de un 20% de participación femenina. Es normal. Los grandes festivales, las fiestas electrónicas, las fiestas de música tropical, los eventos distritales, suelen tender a bookear, en su mayoría, bandas masculinas. Algunos te dirán que es porque no hay casi mujeres músicas, y en parte tendrán razón. Desde la academia es evidente que somos una minoría y, terriblemente, esto tiene su razón histórica. La música ha sido una carrera dominada por los hombres desde el principio del principio de los tiempos. Tradicionalmente, las mujeres participaban en las músicas ancestrales usando su voz, siendo en algunas comunidades prohibido que tocaran los instrumentos. (Claro que hay excepciones, pero como no puedo hacer una tesis de grado, si quieren compartámoslas en los comentarios o en redes sociales). En resumidas cuentas, nuestra historia en este negocio es reciente y ha sido marcada, más que todo, por mujeres cantantes de las cuales, por supuesto, hay que estar orgullosas.

Ser mujer y ser música (al igual que ser mujer en cualquier ámbito laboral) consiste en gritar cien mil veces “¡Aquí estoy!”. Ese aquí estoy viene cargado de un montón de implicaciones, que muchas veces no tienen nada que ver con lo musical.

Una chica “debe” ser cantante, frontwoman, debe verse de cierta forma, explotar el lado sensual que supuestamente todas las chicas debemos tener. Hasta en los ámbitos más independientes las músicas están sujetas a su sexualización. El rockstar puede ser greñudo, sucio, tener panza cervecera, ser tibio, etc. Pero, ¡ay donde yo me pare en un escenario mostrando mis rollitos naturales o la pierna con celulitis! Ojo, no estoy diciendo que los músicos no deban preguntarse por la imagen (tal vez sí, pero esa es otra columna), pero lo cierto es que siempre habrá una mirada sexualizada sobre ti, desde la escena y desde el público. La decisión de si esto te importa o va a influir en tus decisiones es únicamente tuya. Yo digo que mandes todo a la porra y sea tu misma.

Para este momento debes estar pensando que la situación suena terrible, pero estoy segura de que por terrible que suene no vas a dejar de hacer lo que te gusta. Entonces, para no darte la peor de las impresiones, te pido que veas a todas esas chicas que se han abierto camino a machetazos para que no seamos tan pocas ni tan ignoradas. Andrea Echeverri, Li Saumet, Catalina García, Goyo, Totó y hasta la misma Shakira, en el mainstream. Pero bajo la superficie, en la música que no se mueve por marcas o disqueras hay miles: chicas que se la guerrean, que cada vez más componen sus canciones o sus letras, que aprenden a tocar la guitarra, la batería, el piano y hasta la bandola llanera. Bandas de punk legendarias como Fértil Miseria o Polikarpa y sus viciosas. Mujeres que admiro y que trabajan en roles supuestamente no convencionales como: Juanita Carvajal (bajista de Esteman), como Vanessa Ocoró (ingeniera de sonido en vivo), María Angélica Valencia (saxofonista de Meridian Brothers y Mula), Daniela Serna (percusionista), Melissa López (bajista de Los Maricas), Ximena Ortiz (baterista de Tumbas), María Linares (compositora de música para cine), Ana María Romano (compositora de música electroacústica), Teresita Gómez (pianista). Estas son apenas un puñado pequeñito de muchas otras.

Mi consejo final es que nunca desfallezcas, que siempre grites fuerte e impongas tu presencia, que no le comas cuento a nadie (mucho menos a mí) y sigas en la lucha. Porque, a fin de cuentas, si la música está ahí dentro, de alguna forma tendrá que salir. Tener el camino un poco más difícil no significa que recorrerlo sea menos delicioso.

PD. Te aconsejo las letras de Patti Smith, los arreglos y composiciones de Juana Molina, la fortaleza de las raíces de Violeta Parra o de Nina Simone, la grandeza de Leonor González Mina. A todas ellas gracias por darme fuerza para seguir.

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Gabriela Supelano

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