Se conmemoran 89 años de la Masacre de las Bananeras

By / 5 diciembre, 2017 / Cultura, Directo Cultura

La noche del 5 al 6 de diciembre de 1928 pasó a la historia colombiana como una de las noches más trágicas de la historia colombiana: La Masacre de las Bananeras.

Por Astrid Ávila y Laura Ocampo

En los años veinte el comercio nacional comenzaba a abrirse de una manera sin precedentes al mercado internacional:  Colombia desplazaba a Venezuela en la producción y exportación del café y la agronomía era muy importante para la economía colombiana. Los textiles, el petróleo y el banano desviaron la atención internacional hacia el mercado colombiano. La exportación de banano se había iniciado con la entrada del siglo y ya para los años veinte la industria bananera representaba cerca del 6 por ciento de la totalidad de las exportaciones del país. Extendiéndose desde el municipio de Ciénaga al sur de Santa Marta hasta el Río Fundación  y cruzando toda la Ciénaga Grande hasta la Sierra Nevada de Santa Marta, el corredor Bananero fue monopolizado por una compañía extranjera que había llegado a Colombia desde finales del siglo XIX: la United Fruit Company, que aprovechó la ausencia de capital y de infraestructura de las empresas nacionales para establecerse como la única exportadora de la región, pues además monopolizaba el uso del ferrocarril para el transporte del banano hasta los puertos.

La influencia de la United Fruit Company no se limitaba al tema de producción bananera pues el fondo fue la relación entre Estados Unidos y el gobierno nacional, fundamental para que el conflicto violento se desarrollara. El imperialismo ya se había hecho evidente en el país desde el siglo XIX, y un buen ejemplo fue la participación de Estados Unidos en la separación de Panamá.

Bajo condiciones laborales injustas, los trabajadores colombianos de la UFCO se habían organizado bajo el nombre de la Unión Sindical del Magdalena para protestar por el hecho de que la empresa no los contratara directamente, sino que lo hiciera a través de terceros. Los huelguistas también exigían modificaciones en puntos específicos: seguro de salud, habitaciones decentes, domingos libres para el descanso, aumento salarial y mejor servicio médico. Aproximadamente 25.000 huelguistas, correspondientes al 16% de todos los trabajadores de la UFC, se congregaron frente a la sede de Ciénaga desde la mañana del 12 de noviembre con la intención de hablar con algún emisario de la compañía.

Se quedaron esperando durante casi un mes: hasta los primeros días del mes de diciembre.

Cuenta la historia que el mismo presidente de los Estados Unidos, John Calvin Coolidge, se comunicó con el presidente Miguel Abadía Méndez para pedirle que se hiciera cargo de la manifestación, quien acató los deseos del gobierno norteamericano. La noche del 5 de diciembre el gobernador del Magdalena, Núñez Roca, emitió un decreto en el que le exigía a las fuerzas militares dispersar las huelgas.

Así fue como soldados del Ejército de Colombia abrieron fuego contra centenares de manifestantes, dejando un número de muertos que hasta el día de hoy es incalculable. Los periódicos de la época y las versiones oficiales del Ejército hablaban de 20 muertos, después la cifra incrementó a 200, y tiempo después las cifras de los testimonios de los sobrevivientes rondaban los 1.000 huelguistas asesinados.

La huelga de las bananeras es considerada un caso emblemático del movimiento obrero en el país. Álvaro Cepeda Samudio escribió la novela La casa grande inspirado en la masacre, así como Carlos José Reyes escribió Soldados y Jairo Aníbal Niño escribió El sol subterráneo. La novela Cien años de soledad trata el episodio de la Masacre con una cifra de 30.000 muertos que, aunque producto de la ficción, por mucho tiempo ha sido la cifra más oficial de la que se tenga conocimiento, dada la pobre memoria histórica oficial que hasta el día de hoy se tiene de la masacre.

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Foto portada: perlaroques – flickr

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Astrid Ávila

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