El 6 de noviembre de 1985: una incógnita que no termina

By / 6 noviembre, 2017 / Sociedad

Muchos episodios violentos han marcado la historia reciente de Colombia, pero pocos se han grabado en la memoria colectiva como una impronta.

por Nelson Martín
Astrid Ávila

Varias generaciones de colombianos fueron testigos de los tiroteos, los francotiradores, los combates, los vehículos blindados y la impunidad que han rodeado al episodio del Palacio de Justicia. Hoy, 32 años después, rememoramos uno de los capítulos más siniestros de la historia de nuestro país.

El miércoles 6 de noviembre de 1985 a las 11:30 de la mañana un comando del M-19 llevó a cabo la toma del Palacio de Justicia. 28 guerrilleros del Comando ‘Iván Marino Ospina’, bajo el mando de Luis Otero y Andrés Almarales, ejecutaron la operación ‘Antonio Nariño por los derechos del hombre’. Ingresaron a las instalaciones del edificio ubicado en el costado norte de la Plaza de Bolívar en Bogotá y retuvieron a varias personas que estaban al interior del lugar tomando rehenes.  La operación realizada por el M-19 buscaba hacer un juicio público al Gobierno por haber incumplido el cese al fuego con las organizaciones guerrilleras. Durante el transcurso de las siguientes 27 horas el país fue testigo de uno de los episodios más oscuros de su reciente historia, considerado como una masacre por la Corte Penal Internacional.

La Toma del Palacio había sido anunciada. Los guerrilleros entraron por uno de los sótanos, dispararon contra dos vigilantes e hirieron a un policía que se encontraba cerca; rápidamente lograron el control del primer piso, se atrincheraron y empezaron a gritar consignas. En las afueras del lugar la Policía y el Ejército se ubicaron en las edificaciones cercanas para iniciar la retoma del Palacio de Justicia, comandados por el coronel Luis Alfonso Plazas Vega.

Primero intentaron ingresar al sótano donde se libraron los primeros enfrentamientos. Después se dio la orden de que los tanques entraran por el frente del edificio, lo que obligó a los guerrilleros a trasladarse a los pisos superiores junto con los rehenes. La comunicación entre los rehenes, que incluía al presidente de la Corte, Reyes Echandía, y el Presidente de la República, Belisario Betancur, no fue posible.

Los combates continuaron hasta entrada la noche cuando la ministra de comunicaciones, Noemí Sanín, dio la orden de transmitir el partido de fútbol entre Millonarios y Unión Magdalena a la hora del noticiero de la noche, manteniendo en suspenso y desinformación a todo un país. Además, la misma funcionaria le había prohibido horas atrás a los medios de comunicación cubrir el hecho “como si se tratara de un partido de fútbol”, en un claro ejercicio de censura. (Ver también: Golpes históricos contra la libertad de prensa en Colombia)

Mientras tanto, los bomberos intentaban apagar el fuego pero su labor no daba frutos. Una de las teorías sobre la toma afirma que el incendio fue producido por narcotraficantes para quemar los expedientes de los extraditables, sin embargo esta versión ha sido desmentida. Desde adentro del edificio los rehenes intentaban apagar el incendio.  Al final de la madrugada algunos retenidos fueron rescatados y conducidos a instalaciones militares como la Casa del Florero, lugar donde se ubicó el comando del Ejército, o al Hospital Militar.

En la mañana del 7 de noviembre al interior del Palacio continuaban las explosiones, y se presume que para esa hora varios rehenes ya habían muerto. El saldo final fue de 98 personas asesinadas y 11 personas desaparecidas. Algunos testimonios registrados por periodistas como Alfredo Molano indican que ningún cadáver tenía disparos de los fusiles de la guerrilla y la justicia ha comprobado que varias personas que aún hoy permanecen desaparecidas, salieron con vida de la edificación rumbo a la Casa del Florero, custodiados por hombres del Ejército.

Hasta el momento permanecen 5 personas desaparecidas, mientras algunas otras han sido plenamente identificadas, lo que constituye un paso en el camino del esclarecimiento de los asesinatos de muchos trabajadores, visitantes y magistrados. Sin embargo, los desaparecidos son un testimonio de la barbarie con la que se llevó a cabo la retoma y de un sistema judicial que no ha podido responder plenamente a las víctimas.

El holocausto del Palacio de Justicia fue uno de los episodios más crueles de la historia reciente de Colombia, tanto por su desenlace sangriento como por la impunidad que ha tenido para muchos familiares de los asesinados y desaparecidos ese 6 de noviembre de 1985. Desde el drama de la voz del entonces magistrado de la Corte, Reyes Echandía, que rogaba que el presidente ordenara un cese al fuego durante la retoma, pasando por la censura que vivieron los medios de comunicación por parte de los mismos funcionarios del Gobierno, así como el drama de los asesinados y posteriormente de los desaparecidos y sus familias; una cosa está clara: tres décadas después aún hay más preguntas que respuestas.

El dramaturgo Miguel Torres escribió la obra para teatro ‘La siempreviva’, inspirada en la desaparición de Cristina Guarín durante los episodios del Palacio de Justicia. En 2015 la obra fue llevada al cine con el mismo nombre.

La siempreviva

Bajo la dirección del escritor colombiano Miguel Torres, La Siempreviva cuenta el drama de Julieta Marín, una joven que se costeaba su carrera de derecho trabajando como cajera en la cafetería del Palacio de Justicia y que desapareció el día de la fatídica toma de 1985.

La Comisión de la Verdad, creada en 2005 por exmagistrados de la Corte Constitucional, estableció como responsables del holocausto del Palacio al M-19, al entonces presidente Belisario Betancur y al Ejército de Colombia.


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La memoria del conflicto colombiano desde la literatura y el teatro

 

Imagen de portada: Tomada de 90minutos.co

 

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